lunes, 9 de junio de 2008

Ella

Muchos años de lo mismo. Ese tiempo luchando por, no se qué al final. He pasado de todo, he conocido muy de cerca todos los colores y matices de la existencia, desde el dolor más encendido hasta la felicidad más difusa y lejana. Y al final siento que no he hecho nada, o que he hecho todo. Las dos cosas al mismo tiempo.

Estoy consciente de que hay algo más allá atrás de la voz de mi cabeza, la desquiciada que me dice que todo lo que hecho vale la pena y que al minuto se arrepiente y me boicotea. Ella, que con vida propia destruye cada pensamiento puro que viene desde más al fondo del ser y lo transforma en una nueva forma de autotortura.

Esa vocesita a la que puedo escuchar murmurando y maquinando sus planes escondida desde la puerta trasera; y aún sabiéndolo, caigo en sus trampas una y otra vez.

Es horrible ser adicto al sufrimiento y al dolor. Maldito vicio. Reconozco que puedo irme en un segundo volando muy lejos y al siguiente, caer en picada libre directo a un charco de piedras.

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